23 DE ABRIL DÍA DEL LIBRO 2021

Este año, debido a la pandemia del COVID19, tampoco habrá entrega del Premio Cervantes, pero sí celebraremos el Día del Libro con las apuestas y recomendaciones que Editoriales y Librerías ofrecemos.

Leer, igual que hablar, es una necesidad. Aprender a leer y escribir es aprender a expresarse a través de un medio eficaz, base de todos los demás. Lengua hablada y lengua escrita están íntimamente unidas.

Leer es tener acceso al lugar donde sigue estando todo, o casi todo, lo que se puede saber e imaginar; todo, o casi todo, lo que es posible soñar. Leer es enterarse, salir, dar una vuelta por el mundo, conocer gente, asistir a grandes espectáculos, horrorizarse con guerras, reírse con los mejores ingenios, descubrir nuevos horizontes, trasladarse al mundo futuro. Leer es tener todo, o casi todo, al alcance de veinticuatro letras.

¿Por qué leer? Porque leer es unir, es poner todo en relación con todo, o con casi todo. Sólo cuando se trazan los caminos de las relaciones entre las cosas y entre los conceptos se empieza verdaderamente a saber.

¿Por qué leer? Porque la lectura fomenta el sentido crítico y nos hace más invulnerables antes las falacias, medias verdades y exageraciones, cuando no falsedades, que se difunden con frecuencia en nuestra sociedad. Leyendo se pueden contraponer diferentes opiniones, y esto es indispensable para formar el propio criterio.

¿Por qué leer? Porque es en los libros, cuando se leen y se sopesan de modo comparativo, donde se tiene acceso a algo básico para cualquier auto afirmación. Leyendo a Homero, a Dante, a Shakespeare, o a Cervantes nos damos cuenta de que los hombres y mujeres de “aquellas épocas” son sustancialmente los hombres y las mujeres de hoy. Los grandes libros son como los archivos de la condición humana.

¿Por qué leer? Porque es el medio más accesible para combatir el tedio, o el confinamiento, como hemos comprobado en los últimos meses. El gusto por la lectura supone cambiar las horas de aburrimiento por horas deliciosas.

¿Por qué leer? Porque la lectura, al obligarnos a salir de nosotros mismos y a “meternos” en otros mundos, es un descanso del trabajo de todos los días y permite evitar, como decía Ortega y Gasset, “la barbarie del especialista”. La lectura es la mejor evasión de la rutina.

Nuestras recomendaciones de BHL

El mundo entre guiones

Esta novela se desarrolla entre diálogos filosóficos, en torno a la historia de amor vivida durante la República de Weimar por Hannah Arendt y Martin Heidegger. Tiempo encerrado entre los guiones de las dos grandes guerras mundiales, que cambió el mundo del pensamiento y la política para dejar sus huellas en nuestros días de forma determinante. Dos personajes que reflejan dos visiones del mundo contrapuestas: el “ser para otro” y el “ser para sí mismo”.

El señor Marbury

El señor Marbury, padre de una familia numerosa y abogado discreto, no es un hombre de acción. Sus días discurren apacibles en Somerset, rodeado de libros, recibiendo visitas y envuelto en un cálido ambiente familiar. Esa paz se ve perturbada cuando un día, leyendo a Tólstoi, comienza a preguntarse si su vida cabría en una novela. ¿Hay acaso una trama oculta en la vida cotidiana? ¿Tiene argumento un tipo normal? ¿Se requieren grandes aventuras, con dragones y otros peligros, para escribir una novela?

Para resolver su duda, el señor Marbury comienza por lo que le parece más literario: mirar y sentir. Pero así su novela resulta imposible. Al final serán los acontecimientos diarios, esos que suelen pasarnos desapercibidos, esos que damos por sentado, esos que a menudo incluso despreciamos, los que le revelen el secreto de la verdadera literatura y de la vida: que amar no es brillar, sino arder.

El retorno de los dioses

A mediados del siglo XX, al calor de las teorías aperturistas de Popper y Hayek y con los horrores de la Segunda Guerra Mundial todavía dolorosamente grabados en la retina comunitaria, las élites políticas occidentales llegaron a una desafortunada conclusión: que las afirmaciones fuertes —Dios, nación, verdad, justicia, etc.— desembocaban inexorablemente en violencia y que, por tanto, habían de ser sustituidas por afirmaciones débiles, suaves, relativas. De ese modo, promovieron un cambio cuyos efectos siguen manifestándose hoy. La noción de “sentido” reemplazó a la de “verdad”, la de “equidad” a la de “justicia” y la de “diversidad” a la de “cohesión”; al tiempo que la política, disciplina otrora orientada al bien común, iba degenerando en una mera gestión de intereses particulares y las identidades nacionales iban disolviéndose en un homogeneizador cosmopolitismo.

En El retorno de los dioses fuertes, R.R. Reno analiza este proceso y lo relaciona luminosamente con las convulsiones políticas que hoy, en los albores del siglo XXI, tambalean los cimientos del consenso de posguerra. Según Reno, esos acontecimientos desestabilizadores que la élite mediática reúne bajo el término “populismo” son en verdad expresiones de un mismo epifenómeno, o ecos de un mismo rugido: el de los dioses fuertes, que han despertado por fin de su letargo.

La escarapela blanca

Corre el año 1745. Ya son más de tres décadas de reinado en Gran Bretaña de Jorge I, elector de Hannover. En este contexto, el príncipe Carlos Estuardo encabeza una rebelión encaminada a deponerlo y propiciar así la entronización de su padre, Jacobo III, legítimo soberano de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Sus partidarios son numerosos, pero entre ellos sobresale un puñado de corajudos irlandeses cuyo valor en el campo de batalla deslumbra a cuantos lo presencian y cuya lealtad a la causa está forjada a prueba de bombas. Así, conocidos como la “Brigada Irlandesa”, atemorizan a cuantos se enfrentan a ellos.

Con ritmo frenético e impregnada de un estilo crudo que retrata vigorosamente la realidad de la guerra, La escarapela blanca canta la epopeya de unos hombres que bien en los Países Bajos, bien en las Tierras Altas escocesas, bien en Inglaterra, allá donde se los requiriese, desenvainaron espadas y blandieron fusiles para defender una causa que creían justa; la epopeya de unos héroes que trascendieron el límite de lo exigible y se entregaron plenamente a su bienamado rey, Jacobo III, a su religión, la católica, y a su patria, Irlanda.

Rocío Ruiz Ruiz

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