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‘El último papa’, Malachi Martin vuelve a las librerías españolas

Una nueva y desfigurada Iglesia en un nuevo orden mundial, un catolicismo sin ningún verdadero vínculo con la tradición y un papado convertido en complaciente servidor, incluso coadyuvante, del poder global. Este es el objetivo que persigue la conspiración que guía la trama de El último papa, la novela del sacerdote Malachi Martin publicada en los 90 y recuperada ahora en una nueva edición de Homo Legens.

La novela de Malachi Martin presenta un complot de eclesiásticos, políticos y empresarios que, unidos por su pertenencia a la masonería, su delirio globalista y su sumisión al diablo, trata de implantar un gobierno mundial, en el que la Iglesia Católica abandone su misión para servir al poder global.

A punto de lograr su objetivo, los integrantes de esta conspiración se enfrentan a un último obstáculo: ‘el Papa eslavo’, un jugador geopolítico de primer orden, profundamente espiritual, sentado en la cátedra de San Pedro.

Para frustración de sus enemigos, el sumo pontífice se mantiene inamovible en los aspectos básicos referentes a la moral y a la doctrina: se niega rotundamente a considerar la ordenación de mujeres como sacerdotes y a relajar las normas del celibato sacerdotal, no acepta forma alguna de anticoncepción, ni mucho menos el aborto. Asimismo, defiende el derecho de la Iglesia a educar a la juventud y a oponerse a cualquier legislación civil contraria a sus enseñanzas.

Su fidelidad a la doctrina y moral católicas convertirá al “Papa eslavo” en objetivo prioritario de los conspiradores. Sin embargo, el Papa descrito por Malachi Martin pronto comprende que su problema no sólo consiste en tener que enfrentarse a una confabulación antipapal sin precedentes, sino también en que “demasiados hombres buenos del Vaticano han dejado de ser fieles, y demasiados entre los fieles temen hacer el bien que les dicta su conciencia”.

Sitiado dentro de la propia estructura del Vaticano y presionado por sus enemigos para presentar su dimisión, ‘el Papa eslavo’ confía en un joven sacerdote estadounidense para librar una batalla decisiva en la guerra contra el Mal.

Es una novela, pero en un 85% se basa en hechos reales, y muchos de los personajes que aparecen en ella son reales aunque les haya dado nombres de ficción”, aseguró Malachi Martin en 1999.

El autor de esta apasionante novela nació en Irlanda en 1921. Estudió teología en Lovaina, donde se doctoró en lenguas semíticas, arqueología e historia oriental. Tras trabajar como arqueólogo en el Mar Muerto, a los 37 años Malachi Martin entró al servicio de la Santa Sede como secretario del Cardenal Bea. En ese tiempo, vivió muy cerca del Papa los acontecimientos que marcarían el siglo XX y tuvo acceso al Tercer Secreto de Fátima.

En 1964 pidió la dispensa de sus votos en la Compañía de Jesús y se trasladó a Estados Unidos, donde vivió como sacerdote, escritor, editor en ‘National Review’ y exorcista. En ese periodo escribió 17 obras, algunas de las cuales han sido traducidas a varios idiomas. Las más conocidas son El último cónclave (1970), Rehén del demonio (1984), Vaticano (1986) y Los Jesuítas (1987).  Murió en 1999 tras una caída en su apartamento en Manhattan.

(Artículo publicado en InfoVaticana)

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Romanticismo de combate

No tengo escapatoria. Cuando me pasa como a Pablo Neruda (salvando las distancias) y vuelvo a casa con los ojos cansados a veces de haber visto la tierra que no cambia, lejos de encontrar un refugio o escondite, entro en una atalaya o torre albarrana. Mi retaguardia es la vanguardia. Lo explica muy bien Fabrice Hadjadj en Últimas noticias sobre el hombre (y la mujer), recientemente publicado por Homo Legens.

“Dios creó a la mujer para que el hombre pudiera abarcar el universo”, dice el filósofo francés con lirismo provenzal. De forma que un hogar es exactamente lo contrario a un escondrijo. Y, si se nos olvida, la belleza de ella nos lo recordará. “La mujer se reviste del cosmos (ese el verdadero sentido de cosmética)”, insiste Hadjadj. Junto a los tonos metafísicos y líricos, señala Hadjadj con prosa acerada que la verdadera lucha ideológica de nuestro tiempo está en la defensa de la familia y de la relación entre el hombre y la mujer. Que es, por cierto, el principio básico el ecologismo, porque éste debe empezar en nuestros propios cuerpos.

Lo han visto así todas las novelas y películas distópicas, que hicieron del amor la última revolución. En la novela 1984, cuando Winston y Julia se abrazan por primera vez en mitad de un claro del bosque, escapan a Big Brother: “Su abrazo había sido una batalla -escribe Orwell-, su goce una victoria. Era un golpe asestado al Partido. Era un acto político”. Frente al maniqueo “Haz el amor y no la guerra”, el poeta Pedro Sevilla sabe más: “Hicimos el amor en pie de guerra”. A estas alturas, a Fabrice Hadjadj le sale el teólogo que también es: “Si Dios crea el mundo por amor, hay que pensar que todo amor verdadero es, de cierta forma, anterior al mundo y que posee el poder de renovarlo”.

La especial idoneidad del padre de familia para la vida pública se ha defendido con muchos argumentos. Según la tradición jasídica es bueno que el maestro, admirado por sus pares y adulado por sus discípulos, reciba la cura diaria de humildad de ser regañado por su mujer y desobedecido por sus hijos. Para Péguy, el cabeza de familia es más político que el político, porque se preocupa por un tiempo que no es el suyo, sino el de su descendencia. Además de idóneo es irremediable. Por este efecto paradójico y multiplicador de que, cuando uno da un paso atrás y se refugia en casa, está asestando un golpe al sistema. En el retiro, no hay retirada.

(Artículo publicado por Enrique García-Máiquez en Diario de Cádiz)

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Eterno Franco, ¡desdichados de nosotros!

(Artículo publicado por Pedro Fernández Barbadillo en Libertad Digital)

Cuando murió el emperador Francisco José I en 1916, en mi añorada Austria-Hungría la mayoría de los ciudadanos sólo había conocido un monarca, ya que éste vivió una larga vida de 86 años y empezó a reinar en 1848.

Me temo que algo parecido me va a pasar a mí. Nací con Francisco Franco en la jefatura del Estado, asistí a su enterramiento y, como todos los españoles, sobre todo los de izquierdas, sigo viviendo a su sombra, como si el tiempo no hubiera transcurrido.

A pesar de lo que nos intentan inculcar desde el siglo XIX los borbónicos, los republicanos, los liberales, los masones, los separatistas, los izquierdistas y los regeneracionistas, la historia de España no es una colección de deformidades ni termina mal, como dijo el gran imbécil de Gil de Biedma.

España, una historia normal

Desde el final del Antiguo Régimen, es una historia muy parecida a la del resto de Europa y sólo se distingue por su menor mortandad y violencia. En poco más de 70 años (1789-1871), Francia conoció tres repúblicas, dos imperios, la caída y la restauración de los Borbones, la monarquía de los Orleans, dos invasiones extranjeras, la matanza de la Comuna, varios genocidios perpetrados por los jacobinos, abundantes revoluciones…

Alemania, que de haber tenido paciencia a principios del siglo XX se habría convertido en unas pocas décadas en la potencia hegemónica en Europa sin disparar un tiro, fue derrotada en dos guerras mundiales, estuvo a punto de desaparecer, provocó un odio a lo germano que todavía pervive y perdió 200.000 kilómetros cuadrados de territorio.

España no ha sido diferente. Sus períodos de tiempo son algo diferentes de los del resto de Europa, pero sólo porque ha estado al margen (en ocasiones por fortuna), de muchos acontecimientos y corrientes de pensamiento: industrialización, crisis del liberalismo, izquierda terrorista, fascismo, guerras mundiales, desarrollismo, Estado del bienestar, partitocracia, adhesión al proyecto europeísta, invierno demográfico…

Con la intención de acabar con la anormalidad española, he escrito un libro titulado Eternamente Franco, que ofrece algo tan subversivo en esta época de sentimientos y emociones como son documentos, datos y testimonios no manipulados por la ‘memoria histórica’ o el paso del tiempo.

Por ejemplo, al franquismo se le reprocha que mantuviera el racionamiento cuando, según sus enemigos, “en Francia, al día siguiente de que terminara la guerra ya había de todo”. Lo cierto es que la cartilla de racionamiento la introdujo en España la izquierda (1937) y se retiró (1952) más tarde que en Alemania Occidental (1950), Italia y Francia (1949); pero antes que en Alemania Oriental (1958), Finlandia (1955) y Reino Unido (1954).

Uno de los datos para mí más sorprende es que una dictadura con un aparato represivo más estúpido que racional (¿por qué se obligaba a tribunales militares a dictar penas de muerte que luego, después de una campaña de protestas en el extranjero, Franco indultaba como gesto de clemencia?) tuviera en 1974, último año completo del régimen, menos de 15.000 presos, cuando en la democrática Francia en 1975 los internos superaron los 26.000.

Entre 1964 y 1977, el Tribunal de Orden Público dictó menos de 4.000 sentencias condenatorias. Al que le cayó una, poca gracia le haría, pero como escribió Gustavo Bueno en una cita que recojo:

“los efectos de la dictadura, terribles para quien tuvo que sufrir el fusilamiento, la cárcel o el exilio, o para sus parientes, no afectaron a la gran masa de la población, sino a una parte porcentualmente muy pequeña, y esto sin contar sólo a los vencedores (la mayor parte de los «vencidos» se adaptaron o se transformaron en fervientes falangistas, franquistas, o incluso en frailes y monjas)”

El democristiano José Manuel Otero Novas, ministro de UCD, me dijo en una entrevista que él sí estuvo procesado por el TOP, a diferencia de Felipe González, que no lo estuvo.

Salvación de judíos incluso después de la guerra

Otro asunto en que los documentos no se aceptan es la relación del régimen franquista con los judíos. Para negar la intervención de Franco en la salvación de miles de judíos se sostiene que los diplomáticos españoles (todos ellos franquistas, por cierto) realizaron su labor heroica realizada en contra de las instrucciones dadas por Madrid. ¡Menuda dictadura que permite que esos funcionarios saboteen su política exterior… y luego les premia (Sanz Briz fue el primer embajador de España en China, nombrado en 1973)!

La historiografía española apenas ha tratado la colaboración del franquismo con Israel para evacuar cientos de judíos, casi todos pobres, de Marruecos después de la independencia (1956) y de Egipto después de la guerra de los Seis Días (1967).

Como planteo, ¿por qué el franquismo iba a proteger a judíos a petición del Gobierno de Israel cuando ya había levantado uno de sus pilares fundamentales en política exterior, la ‘tradicional amistad hispano-árabe’, de la que habló Franco hasta poco antes de su muerte y que ya tenía en la cabeza antes del final de la guerra? ¿No se trata de una continuidad con la política de los años 40?

Ahora la matraca sobre Franco gira en torno a su exhumación anunciada por el Gobierno de Sánchez. Se escucha en las Cortes y las tertulias la explicación oficial: el militar gallego era tan malvado que planeó el Valle de los Caídos como su mausoleo. Es imposible mostrar la copia de la orden del rey Juan Carlos en que el 22 de noviembre de 1975 entregaba el cuerpo de quien le eligió como su sucesor. Parecería que Franco llegó por su propio pie a su tumba, como un vampiro herido.

El enterramiento de Franco fue propuesto por los servicios de información del régimen, el SECED, que se volcó en refundar el PSOE para sustituir al PCE como partido principal de la izquierda española. La Operación Lucero la aprobaron el presidente del Gobierno, Carlos Arias, y el príncipe de España, Juan Carlos de Borbón. La intención de Franco, hombre previsor como comprobó el general Walters cuando le visitó por encargo del presidente Nixon para preguntarle qué iba a ocurrir en España después de su muerte, consistía en ser enterrado en un panteón familiar que él y su esposa habían comprado en el cementerio del Pardo.

¡Qué paradojas! En 1975, el Gobierno franquista expropió el cuerpo de Franco para enterrarlo donde creía más conveniente y cuatro décadas después un Gobierno socialista lo sigue usando como propiedad pública. Por cierto, ¿no se van a pedir responsabilidades a quien firmó su traslado al Valle?

Aunque muchos derechistas y hasta obispos esperan que con la exhumación de Franco concluya la necrofilia de la izquierda, ‘esto’, el ajuste de cuentas hecho por los nietos de los vencidos en la guerra, proseguirá. Prepárense para la próxima campaña: los ‘niños robados’. No existió una trama montada por el Estado para despojar a los ‘rojos’ de sus hijos, tal como reconocieron la Fiscalía General del Estado (cuyas conclusiones cito) y una comisión del Parlamento vasco, pero la ‘verdad oficial’ se impondrá vía decreto y vía subvención.

Eterno Franco, insoportable izquierda y mezquina derecha.

(Eternamente Franco se presentará a las 19:30 horas del jueves 5 de julio en la librería Neblí de Madrid, en la calle de Serrano, nº 80)

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El complot contra el Padre Pío

A lo largo de sus 81 años de vida, San Pío de Pietrelcina libró una batalla continua y durísima contra el demonio, que se sirvió de todo instrumento, ordinario y extraordinario, para atacar a quien evidentemente consideraba un combatiente temible. A través de relatos, biografías, cartas, testimonios y la inédita Positio -el monumental dossier de documentos que sirvió de base para la canonización – Marco Tosatti reconstruye esta lucha en su obra Padre Pío contra Satanás.

Entre los testimonios incluidos en la Positio se encuentra el del sacerdote don Francesco Putti que presenta, documentándola, la tesis de la puesta en marcha de un verdadero complot para desacreditar al fraile capuchino. Uno de los objetivos de la conspiración descrita en este testimonio era cambiar la actitud de algunos frailes y sacerdotes que hasta ese momento habían sido devotos admiradores del Padre Pío. Tosatti recoge en su libro un fragmento del relato de Francesco Putti que detalla una de las estrategias utilizadas por los enemigos del Padre Pío:

«Los hechos existen y, es más, existen las pruebas –contó don Francesco Putti, entrevistado sin saberlo–. Poned mente al diabólico y pérfido sistema para que la propia Iglesia atacara a un sacerdote. He aquí el caso práctico, como de hecho ocurrió. En primer lugar, es necesario que algunos hermanos, u otros sacerdotes, sean vinculados al secreto natural de la confesión sacramental con algunas mujeres. Me explico: un buen día, bueno, en realidad un mal día, una hija del demonio en carne y hueso, encargada a propósito “por quien tiene interés” de actuar contra el sacerdote N.N. se presenta al confesor A.B. y dice que el sacerdote N.N. se ha comportado mal con ella, ha hecho cosas innombrables. En otra ocasión, otra hija del demonio refiere al confesor C.D. que dicho sacerdote N.N. le ha hecho propuestas obscenas y también se ha comportado mal con ella. Y así, hasta obtener que más mujeres, hijas del demonio, se dirijan cada una a su propio confesor, acusando inicuamente al mismo sacerdote N.N. de impureza y complicidad en pecado ignominioso. Con dicha operación diabólica, llevada a cabo durante mucho tiempo y minuciosamente, al final todos los sacerdotes saben que el sacerdote N.N. se ha comportado mal. Por otra parte, cada uno de los confesores no tiene motivo de dudar de la sinceridad de la acusación circunstanciada porque su penitente, en conjunto, se muestra aparentemente recta y temerosa de Dios, cuando la realidad es que es una mensajera con la tarea de arruinar al sacerdote N.N. En el caso que se lleve a cabo una investigación del sacerdote N.N., es lógico que sus hermanos no tomen la iniciativa para defender al presunto culpable. Por este motivo, la autoridad eclesiástica encontrará el camino libre para tomar las medidas de rigor que requiere el caso en cuestión. El resultado es que se destruirá al sacerdote N.N. para siempre».

Francesco Putti continúa su relato explicando por qué tiene la certeza de que esta estrategia se utilizó contra el Padre Pío:

«La que acabo de relatar es la historia del Padre Pío y puedo demostrarlo. En primer lugar, en el verano de 1960 me encontré con un padre capuchino que me abrió su alma afligida y precisamente en dicha circunstancia pude citar no sólo las virtudes del Padre Pío, sino sobre todo la silenciosa aceptación del sufrimiento por él ofrecida en favor de las almas. Tras lo cual, surgió entre ese hermano del Padre Pío y yo una divergencia de juicio sobre la realidad de las virtudes del Padre Pío y, en especial, acerca de la castidad.

Dicho padre afirmó que, sinceramente, no compartía el elogio sobre la castidad del Padre Pío. Ante mi sorpresa, ratificó su pensamiento diciéndome: “Por desgracia, no es como usted dice; me resulta que las cosas son de otro modo. De hecho, una mujer me ha confesado que el Padre Pío se había comportado mal con ella, por lo que…”. Por mi parte, instintivamente, sabiendo por experiencia que en cualquier caso el nombre del cómplice en pecado infame no debe revelarse, pregunté si había sido él quien lo había solicitado. La respuesta fue precisa: “No, de manera espontánea me dijeron el nombre del Padre Pío como cómplice en pecado ignominioso”. Me quedé perplejo oyendo que se había informado del nombre del cómplice de manera espontánea… repito, ¡esto nunca sucede!

En segundo lugar, el comportamiento de muchos, demasiados, hermanos del Padre Pío es y sigue siendo totalmente injustificable. De personas entusiastas de su hermano se transformaron en enemigos acérrimos del mismo. En algunos hubo un cambio radical y repentino que no tiene ninguna justificación: la única explicación la podemos encontrar en lo que hemos expuesto más arriba».

En su testimonio, Francesco Putti también señala la rabia que suscitaba en los perseguidores del Padre Pío su fecundo apostolado y que llevara a muchas almas a la conversión:

«El Padre Pío, mediante un larguísimo y fecundo apostolado, ha llevado a la conversión a diversos exponentes de la masonería, entre otros muchos pecadores. Este hecho ha provocado una reacción llena de rabia, que fue realizada con una programación lenta y segura. Ningún otro medio habría podido frenar al Padre Pío en su apostolado; sólo una acusación de inmoralidad, que es lo que sucedió. Con sistemas como este se ha arruinado la vida de muchos sacerdotes, pero no puedo dar nombres. Basta recordar a san Alfonso. Acusado de inmoralidad, fue despreciado, vilipendiado y murió fuera de la orden por él fundada, porque fue expulsado. Contrariamente a lo que se hubiera esperado entonces, ha subido a la gloria de los altares. Su gloria es la sentencia contra los acusadores».

(Artículo publicado en InfoVaticana)

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LA RESTAURACIÓN DE LA CULTURA CRISTIANA

Senior, la señorita Prim y una lectura provocadora

Ojo con este libro del que les voy a hablar. Peligroso donde los haya. Puede causarles un trauma o puede cabrearles hasta extremos insospechados. O puede hacerles pensar…

Lo que tengo claro es que no les dejará indiferentes.

La editorial Homo Legens, en esta renovada y  provocadora etapa, nos ha traído el libro de John Senior “La restauración de la cultura cristiana”, hasta ahora solo disponible en lengua española en una ignota editorial argentina.

Ya sé que los bienpensantes van a comenzar a torcer el gesto y su primera salida, en falso, será la de criticar el término restauración que aparece en el título. Tranquilos, colegas. No nos precipitemos.

Es probable que del profesor Senior algunos lectores tuvieran alguna idea por la exitosa novela de Natalia Sanmartín Fenollera, “El despertar de la señorita Prim”, o porque hubieran oído hablar sobre el Programa Pearson de Humanidades Integradas (IH) de la Universidad de Kansas, y de los colegas Dennis Quinn y Franklyn Nelik. Por cierto, la citada novela de Natalia, leída ahora desde el libro de Senior, adquiere una nueva perspectiva.

Mi recomendación es que vayan a las fuentes mismas, y este libro de Senior lo es de agua fresca y arrolladora. Porque aplastantes son muchos de sus juicios y valoraciones sobre el actual estatus de la cultura occidental, no solo norteamericana.

Inquietantes son muchas de sus reflexiones, tan evidentes como ocultadas por esa espesa neblina que parece cubrir todo. Y apasionantes son sus argumentos en favor de lo divino y lo humano, de esa forma de vivir la fe que puede sonar arcádica, pero que está en el anhelo profundo de la experiencia primera del amor a Dios, a la Virgen Santísima y a la familia.

Son innumerables las páginas que he subrayado como propuesta y reto. Y más innumerables los silencios que provoca la lectura de esta experiencia, considerada por algunos una salida en falso de la situación actual de nuestro mundo, de nuestra cultura, incluso de nuestra Iglesia.

No negaré que hay afirmaciones que pueden sonar estrambóticas. Pero el fondo de verdad que contienen para conjugar el amor no debe desdeñarse. Y no digamos nada de la propuesta de forma de vida universitaria, escalofriante provocación…

“Que nazcan en el asombro” es el lema del Pearson Integrated Humanities Program. Estoy seguro de que estas páginas, harán que renazca el asombro en los lectores, “Nascantur in admiratione”.  Ese asombro invencible que es la esperanza de quien se atrevió a hacerlo… aunque sea en la Abadía de Nuestra Señora de Clear Creek.

(Artículo publicado por Jose Francisco Serrano en Religión Confidencial)

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HADJADJ

Los cuerpos del purgatorio

Artículo publicado en Religión en Libertad

Rezamos por las almas del purgatorio, pero ¿qué hacemos por sus cuerpos? Últimamente he vuelto a pensar en ello a causa de una película bellísima, Los combatientes, de Thomas Cailley, que concreta muchos temas de nuestro tiempo. Nada más comenzar, los dos hijos de un carpintero que acaba de morir se encuentran en la oficina de un empresario de pompas fúnebres. Se quejan de la calidad de sus ataúdes y denuncian su precio exorbitante. Deciden entonces volver al taller de su padre y ponerse al tajo: eligen la mejor madera, sierran, cepillan, pulen, ajustan y clavan las tablas de este féretro en el que han puesto toda su piedad manual. En vano. Porque la Agencia Nacional de Higiene se niega a concederles la “autorización”. Tendrán que comprar una de esas cajas industriales que, con arreglo al artículo R. 2213-25 del Código General de Colectividades Territoriales, posea sobre todo “un revestimiento interior fabricado con un material biodegradable y aprobado por el Ministerio de Sanidad”.

El artículo “Los cuerpos del purgatorio”, que reproducimos por gentileza de la editorial Homo Legens, es un capítulo del libro Últimas noticias del hombre (y de la mujer), de Fabrice Hadjadj.

Al final de su novela Ferragus, escribe Balzac: “Pocas personas saben de los debates de un dolor verdadero con la civilización, con la administración parisina […]. En una ciudad donde se paga por el número de lágrimas bordadas en los paños negros, donde las leyes admiten siete tipos de entierro o donde se vende a precio de plata la tierra de los muertos, donde se explota el duelo, por partida doble, donde las plegarias de la iglesia cuestan caro, es imposible que algo se salga de los límites que la administración ha impuesto al dolor”. Pero lo más duro es pensar que el cuerpo de la persona que hemos amado, que seguimos amando, de nuestro padre, nuestra mujer o nuestro hijo será manoseado por unos desconocidos con autorización, eso sí, y, por supuesto, con toda la destreza adquirida en la Escuela Nacional de Oficios Funerarios, que se merecen con mucho su salario para que conservemos las manos limpias.

Así es el avance de nuestra civilización: una mercantilización del rito más elemental —que deja al momento de ser un rito para ser una transacción comercial—, de modo que nos remontamos más allá de la piedad que poseía hasta el hombre prehistórico. Ya no sabemos amortajar a nuestros muertos. No les rendimos el homenaje de la última ternura. Hoy, las santas mujeres no se dirigirían a la tumba con los aromas. Tendrían que pagar a algún especialista autorizado por la administración romana. En esas condiciones, no es seguro que el Resucitado aceptara aparecerse…

En México, a finales de los años 1960, Ivan Illich queda conmocionado por la promulgación de una ley que obliga a las familias, a partir de ese momento, a pasar por las empresas de pompas fúnebres. Lo recordará más tarde en uno de sus libros: “El deber de lavar a los muertos fue elevado por la Iglesia a la dignidad de acto de misericordia. Ignacio de Loyola lo imponía a sus novicios antes de que pronunciaran sus votos para ser admitidos en la orden de los jesuitas”. No creo que la Compañía de Jesús haya conservado esa tradición. Desapareció como han desaparecido las cofradías, los ritos familiares y todas aquellas prácticas que nos hacían ser más lúcidos y estar más vivos, porque nos ponían en contacto con un muerto que pesaba como tal. Pero ya no se trata de volver a eso. El futuro está en el reciclaje científico llevado a cabo por los mejores expertos: aprovechar piezas, fabricar fertilizantes, conseguir energías renovables… La empresa americana B&L Cremation Systems propone recuperar el calor de las incineraciones: un solo cadáver humano permitiría que 1500 hogares pudieran ver un episodio de su serie favorita.

Del libro de Fabrice Hadjadj “Últimas noticias del hombre (y de la mujer)”

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HADJADJ

‘Últimas noticias del hombre (y de la mujer)’: Hadjadj en estado puro

“Por el momento, la gran mayoría de mis lectores aún pertenecen a la raza humana. No obstante, no está claro que eso vaya a seguir siendo así durante mucho tiempo.” Con esta afirmación comienza el nuevo libro del escritor y filósofo católico Fabrice Hadjadj, Últimas noticias del hombre (y de la mujer), que ha llegado a las librerías españolas de la mano de la editorial Homo Legens.

El Fabrice Hadjadj de siempre escribe un libro combativo como nunca. Últimas noticias del hombre (y de la mujer) recoge 90 breves artículos en los que, sin poder extenderse más de lo imprescindible, despliega todo su potencial. Como señala Enrique García-Máiquez en el prólogo del libro, este formato ofrece el mejor Hadjadj posible:

La pluma de Hadjadj es de velocista. Él es como esos atletas olímpicos capaces de correr y ganar en los 400 metros libres, en los 200 y en los 110 metros vallas, pero con las condiciones inmejorables para los 100 metros lisos, porque son explosivos y despliegan la máxima potencia en las distancias cortas. Un libro de artículos es una sucesión de pistoletazos de salida, líneas rectísimas y vertiginosas llegadas a la cinta de meta. El espacio preciso para alcanzar la máxima punta de velocidad. Este libro es un conjunto de apabullantes sprints de un velocista nato.

Un Hadjadj aún más espontáneo se enfrenta con la más rabiosa actualidad y arroja nueva luz sobre las realidades más cotidianas y también más humanas. En las páginas de este libro se abordan todo tipo de temas: desde la importancia del dedo gordo del pie o el arte de la alfombra hasta las hortalizas Toshiba, la espiritualidad en la era tecnológica o el misterio pascual en la evolución. El filósofo francés demuestra con este libro que no existen cosas sin interés, tan sólo personas incapaces de interesarse.

A pesar de la variedad de temas tratados, en el libro subyace una advertencia constante: el peligro del transhumanismo y la tendencia y la tentación de suprimir al ser humano tal y como lo conocemos. Por eso comienzo hoy esta crónica: para anunciar, oh lector, tu desaparición, para darte las últimas noticias del hombre”, advierte en las primeras páginas.

Hadjadj ve al hombre (y a la mujer) en grave peligro en un momento en el que el sentido ha sido reemplazado por el progreso. El hombre del futuro es el hombre desechable, “obligado a pagarse la última prótesis o a cambiar de cerebro electrónico para que no lo lleven al desguace demasiado pronto”.

En una sociedad en la que todo está sometido a la hegemonía de la innovación, Hadjadj escribe: “Aún no he aprendido a construir una casa ni a cultivar un huerto ni a pensar como san Agustín ni a cantar como Dante —¿para qué iba a matarme por un casco de realidad aumentada? No soy todavía lo bastante humano, ¿para qué iba a querer convertirme en un cíborg? Sería como abandonar mi puesto con la excusa de querer ir a vanguardia. Quien se queda maravillado por el nacimiento de un niño es poco sensible a la publicidad del último iPhone.

A pesar de su resistencia frente al progresismo -que procede, como él mismo señala, de querer acoger el mundo tal como se nos ha dado, incluso en su dramatismo- el autor quiere dejar claro que no se le puede tildar de enemigo de los objetos tecnológicos. No se trata de excluir, explica, sino de establecer una jerarquía: “que el iPod se subordine a la guitarra, que la tableta electrónica se ponga al servicio de la tabla de madera sobre la que comemos, porque la tableta y el iPod nos empujan a un consumo individual desencarnado, mientras que la guitarra y la mesa nos invitan a prácticas carnales y sociales.”

Últimas noticias del hombre (y de la mujer) es una de obras las más combativas de este intelectual católico que no duda en enfrentarse, con las armas de la inteligencia y el humor, a lo más tonto y triste de nuestro tiempo.

(Artículo publicado en el portal InfoVaticana)

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