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Un libro recoge el pensamiento del Cardenal Caffarra a un año de su muerte

Un auténtico maestro y padre en la fe, un pastor que se sentía realmente responsable de sus ovejas, de acompañarlas y de guiarlas a la vida eterna. Así era el cardenal Carlo Caffarra y así lo descubre quien profundiza en su magisterio, recogido en el libro No anteponer nada a Cristo que publica la editorial Homo Legens en el primer aniversario de su muerte.

No anteponer nada a Cristo contiene algunos de los pasajes más destacados de los discursos, las homilías, las catequesis y las ponencias que Carlo Caffarra pronunció de febrero de 2004 a junio de 2017, así como algunos apuntes póstumos tomados de la conferencia que, bajo el título La educación de la conciencia moral según Newman, debía pronunciar en Londres en octubre de 2017. En el libro también se incluyen algunos textos inéditos, como los pasajes sacados del discurso que el cardenal pronunció el 24 de junio de 2017 en la Fraternidad Casa de Belén de Arezzo.

Como indica el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, en el prólogo de la obra, este libro “contiene, en pequeños retales, las fibras más íntimas del alma de este gigante del espíritu que fue el Cardenal Carlo Caffarra”.

En su introducción a la lectura de los escritos del cardenal Caffarra, Mons. Reig Pla indica que “no existe ninguna pregunta fundamental sobre lo específicamente humano que no encuentre respuesta en este libro”. El obispo de Alcalá de Henares subraya que “además de fundamentar la dignidad de la persona humana y el valor de la libertad; además de analizar el sentido de la vida humana y su valor inalienable; además de explicitar la verdad del matrimonio y de la familia, de resaltar la importancia de la tarea educativa y la necesidad de la presencia pública de los católicos según los principios de la Doctrina Social de la Iglesia… Carlo Caffarra no se olvidó de bucear en lo íntimo de la vida cristiana (la oración, el encuentro con la Palabra de Dios, la adoración, la vida sacramental, el testimonio cristiano, etc.) y supo en todo momento resaltar la mediación de la Iglesia y la importancia del Papado.”

El libro cuenta, asimismo, con un prefacio del sucesor del cardenal Caffarra al frente de la diócesis del Bolonia, el arzobispo Matteo Maria Zuppi, quien destaca que la selección de textos que compone la obra “tiene como objetivo mantener viva la memoria de un gran hombre de fe y de cultura, sacando a la luz el tesoro de sus enseñanzas”.

En las páginas del libro que publica en España Homo Legens, el cardenal Caffarra responde a las preguntas profundas que habitan en el corazón del hombre. Sus reflexiones abordan cuestiones fundamentales como la incomparable dignidad de cada persona humana, elegida y amada por Dios, el sentido de la vida y el sufrimiento, o la fe como encuentro personal y decisivo con la persona de Jesucristo, hecho posible mediante la Iglesia. Así lo explicaba en un discurso pronunciado pocos meses después de ser nombrado arzobispo de Bolonia:

¿Por qué podéis encontrar a Jesús en la Iglesia y por medio de la Iglesia? Porque en la Iglesia podéis realmente experimentar su fuerza regeneradora de vuestra humanidad a través del sacramento de la Confesión. Porque podéis entrar en una plenitud indecible de comunión con Cristo mediante la Eucaristía. Y la Eucaristía es el lugar en el que, sobre todo, podéis encontrar a Cristo. Por medio de este encuentro eucarístico recibiréis la capacidad de amar, es decir, de entregaros. Por esto, sólo en el encuentro eucarístico con Cristo podéis resolver plenamente el problema, el enigma de la vida”.

Una vida entregada al servicio del Evangelio

Carlo Caffarra nació en 1938 en Samboseto di Busseto, Parma. Ordenado sacerdote el 2 de julio de 1961, obtuvo un doctorado en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana y un diploma de especialización en teología moral por la Academia Pontificia Alfonsiana.

En enero de 1981, el papa Juan Pablo II le confío la tarea de fundar y presidir el Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia. Ese mismo año recibió una carta de Sor Lucia de Fátima en la que ésta afirmaba que la batalla final entre Dios y Satanás se libraría en el terreno de la familia y el matrimonio, y que quienes defendieran estas instituciones serían perseguidos.

En septiembre de 1995 fue nombrado arzobispo de Ferrara-Comacchio y, ocho años después, en diciembre de 2003, Juan Pablo II lo nombró arzobispo metropolitano de Bolonia. Fue creado cardenal en el consistorio del 24 de marzo de 2006. Considerado uno de los mayores expertos en teología moral de los últimos años, dedicó gran parte de su magisterio a la familia y al matrimonio. A lo largo de su vida, el cardenal Caffarra destacó especialmente por su entrega al servicio del Evangelio, su amor a la Iglesia, su fructífera obra pastoral y su defensa de la verdad. Como señala Mons. Reig Pla, “hasta el final de su vida el Cardenal Caffarra se dis­tinguió por la valentía de buscar la verdad para servir a la Iglesia”. Falleció el 6 de septiembre de 2017, tras una vida de entrega a Dios y de servicio a su Iglesia.

(Artículo publicado en InfoVaticana)

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HADJADJ

Apariciones

Religión en Libertad publica el artículo “Apariciones” del libro Últimas noticias del hombre (y de la mujer), de Fabrice Hadjadj.

Cien años después de las apariciones de la Virgen en Fátima, el mundo ha vivido tales perturbaciones que el fenómeno de la aparición reviste un significado distinto. Desde 1917, con el desarrollo de la radio, de la televisión, del FaceTime y del holograma, nada es más corriente, al parecer, que “aparecer”. Lo que ha llegado a ser un acontecimiento raro, casi milagroso, es estar físicamente ahí, en una proximidad ordinaria.

He subrayado a menudo que esta inversión del descubrimiento era uno de los aspectos más placenteros de un mundo dominado por el progresismo: allí donde la innovación se convierte en banalidad destinada a la obsolescencia, lo antiguo se revela en su novedad. Caminar por un sendero campestre es una actividad inaudita para quien tiene la costumbre de desplazarse en una nave espacial. Toparse con un árbol o con una lombriz de tierra es un acontecimiento fantástico para quien se relaciona normalmente con robots.

Análogamente, aquel que frecuenta sobre todo imágenes de síntesis, avatares y proyecciones 2D o 3D, se queda completamente pasmado cuando alguien llama a su puerta después de haber subido por la escalera…

En resumen, a fuerza de conquistar Marte, acabaremos por descubrir la Tierra. La saturación de los artificios convierte lo natural en casi sobrenatural, hasta el punto de que lo maravilloso pudiera ser muy bien, no ver a la Virgen en rincón perdido de Portugal o del Bearne, sino tener al marido en casa, en la mesa, conversando con los niños y sin mirar a cada instante su teléfono móvil. No obstante, es probable que ambas cosas estén íntimamente relacionadas.

La aparición tecnológica intenta, sin duda, parecerse a la aparición mariana o a la ubicuidad divina. Se trata de poder estar presente en todas partes, como figura tutelar; lo cual implica necesariamente, en nuestra condición todavía bastante poco celestial, ausentarse del lugar donde uno está y olvidar a los que están, concretamente, muy cerca de nosotros. Además, en este caso, ya no hay prójimo y lejano, sino lo que Heidegger denomina “sin-distancia”: la estrella del espectáculo que aparece en la pantalla ya no está lejos, está en nuestro salón, sometida a nuestra mirada, pero, a pesar de ello, no está cerca de nosotros, a no ser en nuestra fantasía. Günther Anders insiste en el hecho de que, en el marco telemático, la cuestión de la presencia o de la ausencia no tiene objeto “porque la situación creada por la retransmisión se caracteriza por su ambigüedad ontológica: los acontecimientos retransmitidos son, al mismo tiempo, presentes y ausentes, al mismo tiempo, reales y aparentes, al mismo tiempo, están ahí y no están ahí”.

Ese es, especialmente, el caso del live, en el que lo “vivo” está reconstituido, en realidad, por lo electrónico, o del “directo”, donde la supuesta inmediatez pasa por una mediación extremadamente complicada pero oculta. Teniendo esto en cuenta, se hace bastante evidente que las apariciones promovidas por el aparato tecnológico-financiero son mucho más oscurantistas que las reconocidas por la Iglesia (solamente 17 de las más de 21000 inventariadas). Solamente hay oscurantismo allí donde el conocimiento es posible, pero se encuentra obstaculizado sistemáticamente. Ahora bien, esto es lo que ocurre con nuestros dispositivos. Son pequeñas cajitas que se presentan con el eslogan “unbox your life” en un anuncio publicitario en el que sus usuarios pasean por la naturaleza o por ciudades resplandecientes: nada sobre las minas de Kivu, sobre el carbón de los Apalaches, las fábricas de Senzen, los siniestros datacenters y las centrales nucleares que permiten el funcionamiento de estos objetos tan cool.

La aparición mariana es mucho más simple y límpida. No disimula ninguna explotación de beneficios para los gigantes de la industria digital. Su milagro no tiene nada que ver con ninguna mecánica vergonzosa o hipócrita. Lejos de poner en funcionamiento, como el holograma, todo el dispositivo tecnológico-financiero, la Santísima Virgen lo evita y lo desconcierta, de manera que su modo de manifestación puede ser considerado como modelo de cualquier alternativa.

Llega incluso a desbaratar la jerarquía romana, pues prefiere aparecerse a pastores en lugar de a cardenales. El balido de las ovejas le sienta mejor que el zumbido de los medios. De hecho, en tanto que la aparición tecnológica se jacta de la sofisticación y nos atrapa igual o más que la gran Telaraña virtual, la aparición mariana canta a la vida simple. Es la madre que se inclina sobre sus hijos. Que les dice que no se olviden de rezar. Que les muestra flores o un manantial. Esto es así porque, por muy sobrenatural que sea, este tipo de aparición tiene más relación con el marido que llega a la mesa familiar sin teléfono inteligente que con las últimas proezas de la videografía.

Ciertamente, la aparición mariana se caracteriza también por cierta “ambigüedad ontológica”: fugaz, no se sabe de dónde viene ni adónde va; su presencia no ofrece duda, pero no es la de las cosas cotidianas; y se sitúa siempre en la inminencia de una desaparición sin retorno. Pero no desemboca en la “sin-distancia” de la aparición tecnológica. Tiende, más bien, a restaurar el sentido de las distancias reales, no solamente porque está ordenada al amor al prójimo, sino también porque María, antes de desaparecer, pide generalmente que se le construya una iglesia en ese lugar. Su nombre se vincula a un lugar, que desde ese momento es bendito en su misma materialidad. Las mujeres de Canterbury lo recuerdan al final de Asesinato en la catedral, de T. S. Eliot: “En dondequiera que ha vivido un santo, en dondequiera que un mártir ha dado su sangre por la sangre de Cristo, / el suelo se convierte en sagrado, y la santidad jamás abandonará ese suelo. / Aun cuando lo pisoteen las botas de los ejércitos y lo visiten los turistas con su guía en la mano…” Así, por ejemplo, se dice de San Francisco de Asís o de Santa Teresa de Lisieux. Así se habla de Nuestra Señora de Guadalupe, de Lourdes o de Fátima…

Sobre ese suelo marcado, se desarrollará toda una economía, aun a riesgo del turismo espiritual y de las innobles tiendas de recuerdos, pero, a pesar de todo, se trata de una economía local, que manifiesta el carácter histórico e insustituible de un lugar. La aparición mariana opera, por lo tanto, al contrario que la aparición tecnológica: no es virtualización en la red planetaria, sino enraizamiento en una tierra, santificación de un espacio hacia el que la gente de todos sitios se dirige en peregrinación, muy físicamente.

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‘El último papa’, Malachi Martin vuelve a las librerías españolas

Una nueva y desfigurada Iglesia en un nuevo orden mundial, un catolicismo sin ningún verdadero vínculo con la tradición y un papado convertido en complaciente servidor, incluso coadyuvante, del poder global. Este es el objetivo que persigue la conspiración que guía la trama de El último papa, la novela del sacerdote Malachi Martin publicada en los 90 y recuperada ahora en una nueva edición de Homo Legens.

La novela de Malachi Martin presenta un complot de eclesiásticos, políticos y empresarios que, unidos por su pertenencia a la masonería, su delirio globalista y su sumisión al diablo, trata de implantar un gobierno mundial, en el que la Iglesia Católica abandone su misión para servir al poder global.

A punto de lograr su objetivo, los integrantes de esta conspiración se enfrentan a un último obstáculo: ‘el Papa eslavo’, un jugador geopolítico de primer orden, profundamente espiritual, sentado en la cátedra de San Pedro.

Para frustración de sus enemigos, el sumo pontífice se mantiene inamovible en los aspectos básicos referentes a la moral y a la doctrina: se niega rotundamente a considerar la ordenación de mujeres como sacerdotes y a relajar las normas del celibato sacerdotal, no acepta forma alguna de anticoncepción, ni mucho menos el aborto. Asimismo, defiende el derecho de la Iglesia a educar a la juventud y a oponerse a cualquier legislación civil contraria a sus enseñanzas.

Su fidelidad a la doctrina y moral católicas convertirá al “Papa eslavo” en objetivo prioritario de los conspiradores. Sin embargo, el Papa descrito por Malachi Martin pronto comprende que su problema no sólo consiste en tener que enfrentarse a una confabulación antipapal sin precedentes, sino también en que “demasiados hombres buenos del Vaticano han dejado de ser fieles, y demasiados entre los fieles temen hacer el bien que les dicta su conciencia”.

Sitiado dentro de la propia estructura del Vaticano y presionado por sus enemigos para presentar su dimisión, ‘el Papa eslavo’ confía en un joven sacerdote estadounidense para librar una batalla decisiva en la guerra contra el Mal.

Es una novela, pero en un 85% se basa en hechos reales, y muchos de los personajes que aparecen en ella son reales aunque les haya dado nombres de ficción”, aseguró Malachi Martin en 1999.

El autor de esta apasionante novela nació en Irlanda en 1921. Estudió teología en Lovaina, donde se doctoró en lenguas semíticas, arqueología e historia oriental. Tras trabajar como arqueólogo en el Mar Muerto, a los 37 años Malachi Martin entró al servicio de la Santa Sede como secretario del Cardenal Bea. En ese tiempo, vivió muy cerca del Papa los acontecimientos que marcarían el siglo XX y tuvo acceso al Tercer Secreto de Fátima.

En 1964 pidió la dispensa de sus votos en la Compañía de Jesús y se trasladó a Estados Unidos, donde vivió como sacerdote, escritor, editor en ‘National Review’ y exorcista. En ese periodo escribió 17 obras, algunas de las cuales han sido traducidas a varios idiomas. Las más conocidas son El último cónclave (1970), Rehén del demonio (1984), Vaticano (1986) y Los Jesuítas (1987).  Murió en 1999 tras una caída en su apartamento en Manhattan.

(Artículo publicado en InfoVaticana)

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Romanticismo de combate

No tengo escapatoria. Cuando me pasa como a Pablo Neruda (salvando las distancias) y vuelvo a casa con los ojos cansados a veces de haber visto la tierra que no cambia, lejos de encontrar un refugio o escondite, entro en una atalaya o torre albarrana. Mi retaguardia es la vanguardia. Lo explica muy bien Fabrice Hadjadj en Últimas noticias sobre el hombre (y la mujer), recientemente publicado por Homo Legens.

“Dios creó a la mujer para que el hombre pudiera abarcar el universo”, dice el filósofo francés con lirismo provenzal. De forma que un hogar es exactamente lo contrario a un escondrijo. Y, si se nos olvida, la belleza de ella nos lo recordará. “La mujer se reviste del cosmos (ese el verdadero sentido de cosmética)”, insiste Hadjadj. Junto a los tonos metafísicos y líricos, señala Hadjadj con prosa acerada que la verdadera lucha ideológica de nuestro tiempo está en la defensa de la familia y de la relación entre el hombre y la mujer. Que es, por cierto, el principio básico el ecologismo, porque éste debe empezar en nuestros propios cuerpos.

Lo han visto así todas las novelas y películas distópicas, que hicieron del amor la última revolución. En la novela 1984, cuando Winston y Julia se abrazan por primera vez en mitad de un claro del bosque, escapan a Big Brother: “Su abrazo había sido una batalla -escribe Orwell-, su goce una victoria. Era un golpe asestado al Partido. Era un acto político”. Frente al maniqueo “Haz el amor y no la guerra”, el poeta Pedro Sevilla sabe más: “Hicimos el amor en pie de guerra”. A estas alturas, a Fabrice Hadjadj le sale el teólogo que también es: “Si Dios crea el mundo por amor, hay que pensar que todo amor verdadero es, de cierta forma, anterior al mundo y que posee el poder de renovarlo”.

La especial idoneidad del padre de familia para la vida pública se ha defendido con muchos argumentos. Según la tradición jasídica es bueno que el maestro, admirado por sus pares y adulado por sus discípulos, reciba la cura diaria de humildad de ser regañado por su mujer y desobedecido por sus hijos. Para Péguy, el cabeza de familia es más político que el político, porque se preocupa por un tiempo que no es el suyo, sino el de su descendencia. Además de idóneo es irremediable. Por este efecto paradójico y multiplicador de que, cuando uno da un paso atrás y se refugia en casa, está asestando un golpe al sistema. En el retiro, no hay retirada.

(Artículo publicado por Enrique García-Máiquez en Diario de Cádiz)

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Eterno Franco, ¡desdichados de nosotros!

(Artículo publicado por Pedro Fernández Barbadillo en Libertad Digital)

Cuando murió el emperador Francisco José I en 1916, en mi añorada Austria-Hungría la mayoría de los ciudadanos sólo había conocido un monarca, ya que éste vivió una larga vida de 86 años y empezó a reinar en 1848.

Me temo que algo parecido me va a pasar a mí. Nací con Francisco Franco en la jefatura del Estado, asistí a su enterramiento y, como todos los españoles, sobre todo los de izquierdas, sigo viviendo a su sombra, como si el tiempo no hubiera transcurrido.

A pesar de lo que nos intentan inculcar desde el siglo XIX los borbónicos, los republicanos, los liberales, los masones, los separatistas, los izquierdistas y los regeneracionistas, la historia de España no es una colección de deformidades ni termina mal, como dijo el gran imbécil de Gil de Biedma.

España, una historia normal

Desde el final del Antiguo Régimen, es una historia muy parecida a la del resto de Europa y sólo se distingue por su menor mortandad y violencia. En poco más de 70 años (1789-1871), Francia conoció tres repúblicas, dos imperios, la caída y la restauración de los Borbones, la monarquía de los Orleans, dos invasiones extranjeras, la matanza de la Comuna, varios genocidios perpetrados por los jacobinos, abundantes revoluciones…

Alemania, que de haber tenido paciencia a principios del siglo XX se habría convertido en unas pocas décadas en la potencia hegemónica en Europa sin disparar un tiro, fue derrotada en dos guerras mundiales, estuvo a punto de desaparecer, provocó un odio a lo germano que todavía pervive y perdió 200.000 kilómetros cuadrados de territorio.

España no ha sido diferente. Sus períodos de tiempo son algo diferentes de los del resto de Europa, pero sólo porque ha estado al margen (en ocasiones por fortuna), de muchos acontecimientos y corrientes de pensamiento: industrialización, crisis del liberalismo, izquierda terrorista, fascismo, guerras mundiales, desarrollismo, Estado del bienestar, partitocracia, adhesión al proyecto europeísta, invierno demográfico…

Con la intención de acabar con la anormalidad española, he escrito un libro titulado Eternamente Franco, que ofrece algo tan subversivo en esta época de sentimientos y emociones como son documentos, datos y testimonios no manipulados por la ‘memoria histórica’ o el paso del tiempo.

Por ejemplo, al franquismo se le reprocha que mantuviera el racionamiento cuando, según sus enemigos, “en Francia, al día siguiente de que terminara la guerra ya había de todo”. Lo cierto es que la cartilla de racionamiento la introdujo en España la izquierda (1937) y se retiró (1952) más tarde que en Alemania Occidental (1950), Italia y Francia (1949); pero antes que en Alemania Oriental (1958), Finlandia (1955) y Reino Unido (1954).

Uno de los datos para mí más sorprende es que una dictadura con un aparato represivo más estúpido que racional (¿por qué se obligaba a tribunales militares a dictar penas de muerte que luego, después de una campaña de protestas en el extranjero, Franco indultaba como gesto de clemencia?) tuviera en 1974, último año completo del régimen, menos de 15.000 presos, cuando en la democrática Francia en 1975 los internos superaron los 26.000.

Entre 1964 y 1977, el Tribunal de Orden Público dictó menos de 4.000 sentencias condenatorias. Al que le cayó una, poca gracia le haría, pero como escribió Gustavo Bueno en una cita que recojo:

“los efectos de la dictadura, terribles para quien tuvo que sufrir el fusilamiento, la cárcel o el exilio, o para sus parientes, no afectaron a la gran masa de la población, sino a una parte porcentualmente muy pequeña, y esto sin contar sólo a los vencedores (la mayor parte de los «vencidos» se adaptaron o se transformaron en fervientes falangistas, franquistas, o incluso en frailes y monjas)”

El democristiano José Manuel Otero Novas, ministro de UCD, me dijo en una entrevista que él sí estuvo procesado por el TOP, a diferencia de Felipe González, que no lo estuvo.

Salvación de judíos incluso después de la guerra

Otro asunto en que los documentos no se aceptan es la relación del régimen franquista con los judíos. Para negar la intervención de Franco en la salvación de miles de judíos se sostiene que los diplomáticos españoles (todos ellos franquistas, por cierto) realizaron su labor heroica realizada en contra de las instrucciones dadas por Madrid. ¡Menuda dictadura que permite que esos funcionarios saboteen su política exterior… y luego les premia (Sanz Briz fue el primer embajador de España en China, nombrado en 1973)!

La historiografía española apenas ha tratado la colaboración del franquismo con Israel para evacuar cientos de judíos, casi todos pobres, de Marruecos después de la independencia (1956) y de Egipto después de la guerra de los Seis Días (1967).

Como planteo, ¿por qué el franquismo iba a proteger a judíos a petición del Gobierno de Israel cuando ya había levantado uno de sus pilares fundamentales en política exterior, la ‘tradicional amistad hispano-árabe’, de la que habló Franco hasta poco antes de su muerte y que ya tenía en la cabeza antes del final de la guerra? ¿No se trata de una continuidad con la política de los años 40?

Ahora la matraca sobre Franco gira en torno a su exhumación anunciada por el Gobierno de Sánchez. Se escucha en las Cortes y las tertulias la explicación oficial: el militar gallego era tan malvado que planeó el Valle de los Caídos como su mausoleo. Es imposible mostrar la copia de la orden del rey Juan Carlos en que el 22 de noviembre de 1975 entregaba el cuerpo de quien le eligió como su sucesor. Parecería que Franco llegó por su propio pie a su tumba, como un vampiro herido.

El enterramiento de Franco fue propuesto por los servicios de información del régimen, el SECED, que se volcó en refundar el PSOE para sustituir al PCE como partido principal de la izquierda española. La Operación Lucero la aprobaron el presidente del Gobierno, Carlos Arias, y el príncipe de España, Juan Carlos de Borbón. La intención de Franco, hombre previsor como comprobó el general Walters cuando le visitó por encargo del presidente Nixon para preguntarle qué iba a ocurrir en España después de su muerte, consistía en ser enterrado en un panteón familiar que él y su esposa habían comprado en el cementerio del Pardo.

¡Qué paradojas! En 1975, el Gobierno franquista expropió el cuerpo de Franco para enterrarlo donde creía más conveniente y cuatro décadas después un Gobierno socialista lo sigue usando como propiedad pública. Por cierto, ¿no se van a pedir responsabilidades a quien firmó su traslado al Valle?

Aunque muchos derechistas y hasta obispos esperan que con la exhumación de Franco concluya la necrofilia de la izquierda, ‘esto’, el ajuste de cuentas hecho por los nietos de los vencidos en la guerra, proseguirá. Prepárense para la próxima campaña: los ‘niños robados’. No existió una trama montada por el Estado para despojar a los ‘rojos’ de sus hijos, tal como reconocieron la Fiscalía General del Estado (cuyas conclusiones cito) y una comisión del Parlamento vasco, pero la ‘verdad oficial’ se impondrá vía decreto y vía subvención.

Eterno Franco, insoportable izquierda y mezquina derecha.

(Eternamente Franco se presentará a las 19:30 horas del jueves 5 de julio en la librería Neblí de Madrid, en la calle de Serrano, nº 80)

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El complot contra el Padre Pío

A lo largo de sus 81 años de vida, San Pío de Pietrelcina libró una batalla continua y durísima contra el demonio, que se sirvió de todo instrumento, ordinario y extraordinario, para atacar a quien evidentemente consideraba un combatiente temible. A través de relatos, biografías, cartas, testimonios y la inédita Positio -el monumental dossier de documentos que sirvió de base para la canonización – Marco Tosatti reconstruye esta lucha en su obra Padre Pío contra Satanás.

Entre los testimonios incluidos en la Positio se encuentra el del sacerdote don Francesco Putti que presenta, documentándola, la tesis de la puesta en marcha de un verdadero complot para desacreditar al fraile capuchino. Uno de los objetivos de la conspiración descrita en este testimonio era cambiar la actitud de algunos frailes y sacerdotes que hasta ese momento habían sido devotos admiradores del Padre Pío. Tosatti recoge en su libro un fragmento del relato de Francesco Putti que detalla una de las estrategias utilizadas por los enemigos del Padre Pío:

«Los hechos existen y, es más, existen las pruebas –contó don Francesco Putti, entrevistado sin saberlo–. Poned mente al diabólico y pérfido sistema para que la propia Iglesia atacara a un sacerdote. He aquí el caso práctico, como de hecho ocurrió. En primer lugar, es necesario que algunos hermanos, u otros sacerdotes, sean vinculados al secreto natural de la confesión sacramental con algunas mujeres. Me explico: un buen día, bueno, en realidad un mal día, una hija del demonio en carne y hueso, encargada a propósito “por quien tiene interés” de actuar contra el sacerdote N.N. se presenta al confesor A.B. y dice que el sacerdote N.N. se ha comportado mal con ella, ha hecho cosas innombrables. En otra ocasión, otra hija del demonio refiere al confesor C.D. que dicho sacerdote N.N. le ha hecho propuestas obscenas y también se ha comportado mal con ella. Y así, hasta obtener que más mujeres, hijas del demonio, se dirijan cada una a su propio confesor, acusando inicuamente al mismo sacerdote N.N. de impureza y complicidad en pecado ignominioso. Con dicha operación diabólica, llevada a cabo durante mucho tiempo y minuciosamente, al final todos los sacerdotes saben que el sacerdote N.N. se ha comportado mal. Por otra parte, cada uno de los confesores no tiene motivo de dudar de la sinceridad de la acusación circunstanciada porque su penitente, en conjunto, se muestra aparentemente recta y temerosa de Dios, cuando la realidad es que es una mensajera con la tarea de arruinar al sacerdote N.N. En el caso que se lleve a cabo una investigación del sacerdote N.N., es lógico que sus hermanos no tomen la iniciativa para defender al presunto culpable. Por este motivo, la autoridad eclesiástica encontrará el camino libre para tomar las medidas de rigor que requiere el caso en cuestión. El resultado es que se destruirá al sacerdote N.N. para siempre».

Francesco Putti continúa su relato explicando por qué tiene la certeza de que esta estrategia se utilizó contra el Padre Pío:

«La que acabo de relatar es la historia del Padre Pío y puedo demostrarlo. En primer lugar, en el verano de 1960 me encontré con un padre capuchino que me abrió su alma afligida y precisamente en dicha circunstancia pude citar no sólo las virtudes del Padre Pío, sino sobre todo la silenciosa aceptación del sufrimiento por él ofrecida en favor de las almas. Tras lo cual, surgió entre ese hermano del Padre Pío y yo una divergencia de juicio sobre la realidad de las virtudes del Padre Pío y, en especial, acerca de la castidad.

Dicho padre afirmó que, sinceramente, no compartía el elogio sobre la castidad del Padre Pío. Ante mi sorpresa, ratificó su pensamiento diciéndome: “Por desgracia, no es como usted dice; me resulta que las cosas son de otro modo. De hecho, una mujer me ha confesado que el Padre Pío se había comportado mal con ella, por lo que…”. Por mi parte, instintivamente, sabiendo por experiencia que en cualquier caso el nombre del cómplice en pecado infame no debe revelarse, pregunté si había sido él quien lo había solicitado. La respuesta fue precisa: “No, de manera espontánea me dijeron el nombre del Padre Pío como cómplice en pecado ignominioso”. Me quedé perplejo oyendo que se había informado del nombre del cómplice de manera espontánea… repito, ¡esto nunca sucede!

En segundo lugar, el comportamiento de muchos, demasiados, hermanos del Padre Pío es y sigue siendo totalmente injustificable. De personas entusiastas de su hermano se transformaron en enemigos acérrimos del mismo. En algunos hubo un cambio radical y repentino que no tiene ninguna justificación: la única explicación la podemos encontrar en lo que hemos expuesto más arriba».

En su testimonio, Francesco Putti también señala la rabia que suscitaba en los perseguidores del Padre Pío su fecundo apostolado y que llevara a muchas almas a la conversión:

«El Padre Pío, mediante un larguísimo y fecundo apostolado, ha llevado a la conversión a diversos exponentes de la masonería, entre otros muchos pecadores. Este hecho ha provocado una reacción llena de rabia, que fue realizada con una programación lenta y segura. Ningún otro medio habría podido frenar al Padre Pío en su apostolado; sólo una acusación de inmoralidad, que es lo que sucedió. Con sistemas como este se ha arruinado la vida de muchos sacerdotes, pero no puedo dar nombres. Basta recordar a san Alfonso. Acusado de inmoralidad, fue despreciado, vilipendiado y murió fuera de la orden por él fundada, porque fue expulsado. Contrariamente a lo que se hubiera esperado entonces, ha subido a la gloria de los altares. Su gloria es la sentencia contra los acusadores».

(Artículo publicado en InfoVaticana)

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LA RESTAURACIÓN DE LA CULTURA CRISTIANA

Senior, la señorita Prim y una lectura provocadora

Ojo con este libro del que les voy a hablar. Peligroso donde los haya. Puede causarles un trauma o puede cabrearles hasta extremos insospechados. O puede hacerles pensar…

Lo que tengo claro es que no les dejará indiferentes.

La editorial Homo Legens, en esta renovada y  provocadora etapa, nos ha traído el libro de John Senior “La restauración de la cultura cristiana”, hasta ahora solo disponible en lengua española en una ignota editorial argentina.

Ya sé que los bienpensantes van a comenzar a torcer el gesto y su primera salida, en falso, será la de criticar el término restauración que aparece en el título. Tranquilos, colegas. No nos precipitemos.

Es probable que del profesor Senior algunos lectores tuvieran alguna idea por la exitosa novela de Natalia Sanmartín Fenollera, “El despertar de la señorita Prim”, o porque hubieran oído hablar sobre el Programa Pearson de Humanidades Integradas (IH) de la Universidad de Kansas, y de los colegas Dennis Quinn y Franklyn Nelik. Por cierto, la citada novela de Natalia, leída ahora desde el libro de Senior, adquiere una nueva perspectiva.

Mi recomendación es que vayan a las fuentes mismas, y este libro de Senior lo es de agua fresca y arrolladora. Porque aplastantes son muchos de sus juicios y valoraciones sobre el actual estatus de la cultura occidental, no solo norteamericana.

Inquietantes son muchas de sus reflexiones, tan evidentes como ocultadas por esa espesa neblina que parece cubrir todo. Y apasionantes son sus argumentos en favor de lo divino y lo humano, de esa forma de vivir la fe que puede sonar arcádica, pero que está en el anhelo profundo de la experiencia primera del amor a Dios, a la Virgen Santísima y a la familia.

Son innumerables las páginas que he subrayado como propuesta y reto. Y más innumerables los silencios que provoca la lectura de esta experiencia, considerada por algunos una salida en falso de la situación actual de nuestro mundo, de nuestra cultura, incluso de nuestra Iglesia.

No negaré que hay afirmaciones que pueden sonar estrambóticas. Pero el fondo de verdad que contienen para conjugar el amor no debe desdeñarse. Y no digamos nada de la propuesta de forma de vida universitaria, escalofriante provocación…

“Que nazcan en el asombro” es el lema del Pearson Integrated Humanities Program. Estoy seguro de que estas páginas, harán que renazca el asombro en los lectores, “Nascantur in admiratione”.  Ese asombro invencible que es la esperanza de quien se atrevió a hacerlo… aunque sea en la Abadía de Nuestra Señora de Clear Creek.

(Artículo publicado por Jose Francisco Serrano en Religión Confidencial)

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