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    Secretos de la Biblia

    SINOPSIS

    Cuando Mel Gibson estrenó ‘La Pasión de Cristo’, multitud de detalles sorprendieron al gran público, aunque no así a los que ya habían leído la obra de Ana Catalina Emmerick, una mística alemana del Siglo XIX que describió con la precisión de un testigo presencial la pasión y muerte de Jesús, y cuyo relato sirvió de guion al director australiano.
    Pero las visiones de Ana Catalina no se detienen en el Calvario, en realidad abarcan casi toda la Historia Sagrada. ¿Era Job el tatarabuelo de Abraham y vivía en el Mar Negro? ¿Se salvó Abraham de una matanza de bebés, escondido en la misma gruta en la que se refugió la Sagrada Familia durante la persecución de Herodes? ¿Cómo quiso vengarse Esaú de Jacob, tras robarle este la primogenitura? ¿De quién eran los huesos que José llevaba colgados del cuello?
    En las páginas de este volumen se encuentran respuestas que cambiarán para siempre la manera de leer las Sagradas Escrituras.

    De entre todas las visiones que tuvo Ana Catalina Emmerick, sin duda las más notables son aquellas en las que le fueron revelados los episodios bíblicos tal y como sucedieron. La veracidad de algunos de ellos ha podido ser contrastada con descubrimientos arqueológicos; el resultado es sorprendente.

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    La vida oculta de Jesús

    SINOPSIS

    Pocos pasajes son tan sugerentes como aquel con el que San Juan pone punto final a su Evangelio: “Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relatara detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían”. Pues bien, he aquí uno de esos libros.

    Su autora, Ana Catalina de Emmerick, es una de las figuras más fascinantes de la historia de la Iglesia. Desde muy niña y hasta su muerte, Dios le señaló con todo tipo de dones sobrenaturales, entre ellos, el de ser testigo directo de episodios del Antiguo y el Nuevo Testamento, y todo sin moverse de la cama, impedida por su frágil salud.

    Por supuesto, la Iglesia de la época llevó a cabo exhaustivas investigaciones, no fuese que todo se tratara de una superchería. Pero no solo la Iglesia. También tomaron cartas en el asunto las autoridades civiles prusianas y las napoleónicas, estas últimas nada sospechosas de catolicismo. Todas las investigaciones, incluso las que partían del prejuicio como punto de partida, concluyeron con que no había artificio alguno ni en Emmerick ni en nada de lo que le rodeaba.

    El 3 de octubre de 2004, Juan Pablo II beatificó a Ana Catalina Emmerick. Aquel día, volvió a quedar claro que los procesos de beatificación y canonización no suponen un juicio sobre fenómeno sobrenatural alguno, sino que son, más bien, el reconocimiento oficial por parte de la Iglesia de la santidad de vida de uno de sus hijos, siendo tales fenómenos, en todo caso, el refrendo de unas virtudes ejemplares.

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