Recomendaciones literarias para el mes de septiembre

Estimado lector de Homo Legens:

Ante todo, espero que hayas pasado un feliz verano y que te reincorpores con ánimo vigoroso a la vida «normal». Corren tiempos convulsos y el hecho de que yo pueda escribirte esta carta —y de que tú puedas leerla— es ya un motivo de gratitud. No tanto por el acontecimiento comunicativo en sí como por lo que éste significa: que, pese a todo, seguimos vivos.

Si en mi anterior carta te decía que agosto es un mes propicio para leer, en la que redacto hoy te diré que septiembre también lo es, aunque por distinto motivo. Regresamos a un frenesí de correos electrónicos apresurados, de incómodos viajes en Metro y de interminables jornadas de oficina o de teletrabajo. En ese contexto tan vertiginoso, tan desasosegante, creo sinceramente que los libros constituyen uno de los pocos remansos de quietud en los que podemos descansar. Supongo que estarás de acuerdo.

Por eso, como en otras ocasiones, me tomo la licencia de recomendarte algunos títulos de nuestra modesta editorial:

El primero del que me gustaría hablarte es ¿Qué es la verdad?, un opúsculo que recoge la celebración disputatio al estilo medieval entre Fabrice Hadjadj, conocidísimo filósofo católico, y su tocayo Fabrice Midal, un afamado pensador budista.

Como expresa nítidamente su título, el libro aborda el interrogante de la verdad, que ha conturbado al hombre de todas las épocas y sobre el que todo filósofo digno de ese nombre ha reflexionado prolijamente. ¿Existe la verdad? Si existe, ¿qué es? ¿Puede el hombre conocerla? De la respuesta a esas tres preguntas depende nuestra entera concepción del mundo y, consecuentemente, nuestro modo de estar en él. Por decirlo de un modo quizá más ilustrativo, quien responda que sí no vivirá igual que quien responda que no.

El libro de Hadjadj y Midal, que bien merece la pena, decepcionará no obstante a quienes busquen una respuesta unívoca y cerrada al interrogante. De hecho, más que una respuesta, los autores ofrecen un indicio en el sentido estricto de la palabra. No contestan, sino que apuntan. Sugieren a los lectores dónde pueden buscar la verdad o, mejor, en qué circunstancias puede salir ella a su encuentro.

También me gustaría recomendarte ¿Símbolo o sustancia?, un libro en el que el conocido filósofo norteamericano Peter Kreeft arma una conversación entre tres de las grandes figuras del cristianismo reciente: C.S. Lewis (anglicano), J.R.R. Tolkien (católico) y Billy Graham (protestante). El debate nunca se produjo en la realidad, pero tan imponente es la erudición de Kreeft y tan denodado el estudio previo a la redacción de la obra, que lo parece. Su Lewis argumenta como argumentaría el Lewis real (con idéntica exquisitez lógica), su Graham diserta como disertaría el Graham real (con igual pasión) y su Tolkien habla como hablaría el Tolkien real (con esa honestidad cáustica con que a veces ha de manifestarse la caridad).

La conversación transcurre en una de las estancias de la casa de Tolkien en Oxford. Allí, durante una tarde que se prolonga más de lo esperado, los tres protagonistas enfrentan sus convicciones sobre la Eucaristía: ¿está Cristo realmente presente en ella? ¿O no es más que un muy expresivo símbolo? ¿Acaso es la transubstanciación una entelequia? Sin embargo, durante el diálogo – precisamente porque es un diálogo vivo – aparecen otros muchos temas: fe y obras, Biblia y tradición, papado y autoridad, etc. Es la verdad sobre todos ellos lo que buscan conjuntamente los tres contendientes.

¿Símbolo o sustancia? es, pues, estrictamente platónico no sólo en su forma, sino también en su contenido: los protagonistas no dialogan para lucirse ante el lector o derrotar al oponente. Al contrario, éstos no son sino simples efectos, casi molestos, de la búsqueda comunitaria de la verdad. Es a ese fin —al de la verdad— al que están orientados todos los silogismos de Lewis, todas las diatribas de Graham y todas las causticidades de Tolkien.

Decía Chesterton que él siempre fue mejor ensayista que novelista porque prefería que las ideas forcejeasen desnudas a que lo hiciesen disfrazadas de personajes. Tal vez a ti te ocurra lo mismo, pero a la inversa. Tal vez prefieras las sutiles insinuaciones de una novela a las afirmaciones categóricas de un ensayo. Si es así, te invito a leer J.C. El sueño de Dios, una novela en la que el reputado escritor Miguel Aranguren nos cuela en la intimidad del personaje más importante de la historia de la humanidad, Jesús de Nazaret, y de su familia.

Escrito con una viveza que se manifiesta en cada frase, en cada párrafo, J.C. El sueño de Dios ha sido aclamado tanto por la crítica como por los lectores. Tanto es así que ya está imprimiéndose su quinta edición y que más de diez mil personas lo han leído.

Como intuyo que ya te he robado más tiempo del que debería haberte robado, no me queda otra que despedirme de ti hasta el próximo mes.

Un afectuoso saludo,

Julio Llorente

Director de Bibliotheca Homo Legens.

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