Recomendaciones literarias para el mes de octubre

Tiende a pensarse que uno de los grandes males que afligen al hombre contemporáneo es la falta de lecturas. Y nadie en su sano juicio puede negar la validez de la intuición. Agitados por un flujo incesante de estímulos, carecemos del sosiego vital necesario para leer. Nos gustaría paladear un buen poemario —por qué no—, pero la última novedad de Netflix reclama nuestra atención. No nos incomoda la idea de leer una novela de aventuras, pero es infinitamente más excitante la de ver una película de tiros, con sangre y vísceras. Efectivamente, leemos menos de lo que se leía hace unos años.

Con todo, no creo que la falta de lecturas sea un problema fundamental. El campesino medieval era analfabeto y, sin embargo, tenía más sentido común que cualquier librepensador moderno. Juana de Arco no leyó sesudos tratados filosóficos, pero su concepción de la guerra era mucho más sana que la de Tolstói y Nietzsche, que sí los leyeron.

Llegados a este punto se nos manifiesta, siquiera tímidamente, la sutil verdad de que es peor leer mal que leer poco. El principal problema del hombre hodierno no es que no lea, sino que lee lo que no debe leer. Si alguien afirma que tener un libro entre manos es deseable, yo le replicaré que lo deseable es tener un buen libro entre manos. Si uno sólo es capaz de leer memorias de políticos moderados o birriosos artículos de periódico, lo mejor es que no lea en absoluto.

En las siguientes líneas te voy a hablar de una serie de libros —publicados por nuestra humilde editorial— que sí merece la pena leer.

Cartas del sobrino a su diablo

En Cartas del sobrino a su diablo, homenaje explícito y devoto a la magna obra de C.S. Lewis, Juan Manuel de Prada brinda a los lectores un muy mordaz y penetrante análisis de la España azotada por el coronavirus. Y lo hace, como el propio título del libro sugiere, cediendo el protagonismo literario a Orugario, un demonio vanidoso y procaz al que se le ha encomendado la devastación de nuestro país. En epístolas dirigidas a su tío Escrutopo, Orugario detalla todos los ardides que ha ideado para infligir el mayor daño posible a los españoles, antaño tan apegados a los designios del Enemigo: el acre enfrentamiento entre el negociado de izquierdas y el de derechas, la degeneración de las residencias de ancianos en hórridos morideros, la idolatría de la ciencia, los experimentos de la biopolítica, la imposición de las mascarillas en todo contexto y la destrucción de la economía nacional para beneficio de una plutocracia de la que los gobernantes son serviles lacayos.

Contramundo

En Contramundo, el escritor Carlos Marín-Blázquez acomete una difícil tarea de deconstrucción civilizatoria. Con golpes secos y certeros que se encarnan en líricos aforismos, derriba las falacias y las iniquidades sobre las que se ha erigido la torre de Babel contemporánea. «Nuestro objetivo ha de ser modesto: no transformar, sino desenmascarar», dice el autor. Sin embargo, la naturaleza de su obra no es meramente destructiva; de serlo, el lector pasaría la última página exánime, sumido en una paralizante desazón. Y no ocurre así. Quien termine de leer Contramundo se descubrirá, muy al contrario, rebosante de una alegre esperanza, la esperanza de que los escombros de este mundo devastado den a luz, auxiliados por el sudor de nuestra frente y el aliento de la gracia, un cálido hogar en el que vivir.

Los césares del imperio americano

Con las elecciones norteamericanas a la vuelta de la esquina, no se me ocurre un libro más pertinente que éste de Pedro Fernández Barbadillo. Aunando el rigor de los libros más académicos y la pulcra llaneza de los buenos textos divulgativos, Los césares del imperio americano nos acerca a la historia de Estados Unidos a través de sus 45 presidentes y sus 58 elecciones presidenciales, y se erige en una guía tan imprescindible como entretenida para conocer la nación más poderosa e imitada de nuestra época.

Tomás Moro. La luz de la conciencia

El académico italiano Miguel Cuartero nos regala un libro deslumbrante, impregnado tanto de esa lucidez que está reservada a los filósofos como de esa sencillez tan propia de quien prefiere la divulgación al esoterismo. Un libro que, por otra parte, es mucho más de lo que parece: no se trata de una simple biografía de Tomás Moro – uno de los mártires más famosos –, sino también de un tratado filosófico sobre la naturaleza y las exigencias de la conciencia.

En cierto modo, el propio Tomás Moro invitaba al autor a producir este bellísimo híbrido. Y es que su vida, como la de Sócrates o la de Antígona, estuvo marcada por una continua sumisión a la conciencia, esa voz interior como de origen divino que, debidamente formada, nos conmina a hacer el bien y evitar el mal, a elegir la virtud y rehuir el vicio. De hecho, en la hora más oscura de su existencia, cuando tuvo que elegir entre la obediencia a un soberano enceguecido por la avidez de poder y la lealtad al Dios que amaba, entre la ley humana y la ley divina, Moro obró como siempre había obrado. Aun sabiendo que al hacerlo firmaba su propia condena de muerte, siguió los dictados de esa voz que se alzaba límpida desde las profundidades de su ser para advertirle de una verdad tan rotunda como incómoda: que más vale perder la vida que cometer una injusticia para preservarla.

Espero, por un lado, no haberte robado demasiado tiempo y, por otro, que puedas disfrutar de alguno de estos libros que te sugiero en las próximas semanas.

Un afectuoso saludo,

Julio Llorente Sanchidrián

Director de Bibliotheca Homo Legens

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